Liturgia

Comentarios a las Lecturas del domingo de la 26ª semana de Tiempo Ordinario – Ciclo C | 25 de septiembre de 2022

PRIMERA LECTURA
Ahora se acabará la orgía de los disolutos.
Lectura de la profecía de Amós 6, 1a. 4-7

Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10
Alaba, alma mía, al Señor.

SEGUNDA LECTURA
Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor.
Lectura de la primera carta apóstol san Pablo a Timoteo 6, 11-16

EVANGELIO
Recibiste bienes y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

GRUPOS DE JESÚS – José Antonio Pagola

NUEVO CLASISMO

Conocemos la parábola. Un rico despreocupado que «banquetea espléndidamente», ajeno al sufrimiento de los demás, y un pobre mendigo a quien «nadie da nada». Dos hombres distanciados por un abismo de egoísmo e insolidaridad que, según Jesús, puede hacerse definitivo, por toda la eternidad.

Adentrémonos algo en el pensamiento de Jesús. El rico de la parábola no es descrito como un explotador que oprime sin escrúpulos a sus siervos. No es ese su pecado. El rico es condenado sencillamente porque disfruta despreocupadamente de su riqueza sin acercarse al pobre Lázaro.

Esta es la convicción profunda de Jesús. Cuando la riqueza es «disfrute excluyente de la abundancia», no hace crecer a la persona, sino que la deshumaniza, pues la va haciendo indiferente e insolidaria ante la desgracia ajena.

El paro está haciendo surgir un nuevo clasismo entre nosotros. La clase de los que tenemos trabajo y la de los que no lo tienen. Los que podemos seguir aumentando nuestro bienestar y los que se están empobreciendo. Los que exigimos una retribución cada vez mayor y unos convenios cada vez más ventajosos y quienes ya no pueden «exigir» nada.

La parábola es un reto a nuestra vida satisfecha. ¿Podemos seguir organizando nuestras «cenas de fin de semana» y continuar disfrutando alegremente de nuestro bienestar cuando el fantasma de la pobreza está ya amenazando a muchos hogares?

Nuestro gran pecado es la indiferencia. El paro se ha convertido en algo tan «normal y cotidiano» que ya no escandaliza ni nos hiere tanto. Nos encerramos cada uno en «nuestra vida» y nos quedamos ciegos e insensibles ante la frustración, la crisis familiar, la inseguridad y la desesperación de estos hombres y mujeres.

El paro no es solo un fenómeno que refleja el fracaso de un sistema socioeconómico radicalmente injusto. El paro son personas concretas que ahora mismo necesitan la ayuda de quienes disfrutamos de la seguridad de un trabajo. Daremos pasos concretos de solidaridad si nos atrevemos a responder a estas preguntas: ¿necesitamos realmente todo lo que compramos? ¿Cuándo termina nuestra necesidad y cuándo comienzan nuestros caprichos? ¿Cómo podemos ayudar a los parados?.

QUIERO VER

Ignorar al hermano

Lc 16,19-31. Ignorar al hermano, la situación de nuestros hermanos, especialmente quien más lo necesita, es ser infiel a Dios. Así, aquellos que, ignoran la presencia del pobre abandonan a Dios para volverse a los ídolos, hacen que el dinero, la vida fácil y cómoda les impida la capacidad de tener compasión, hacen que el dinero sea fuente de injusticia. La única manera de cambiar el corazón es hacerlo mediante la escucha atenta de la Palabra de Dios y hacer de esa Palabra vida en nuestra vida: “Tienen a Moisés y a los profetas…”. Sobran egoístas en el mundo y faltan personas con brazos abiertos.